
The Fake Crafting Co. somos tres personas y un sistema doméstico de producción bastante poco homologado.
Hay un niño de casi nueve años que hace planos, propone soluciones, cuestiona decisiones y toca los huevos con una eficacia sorprendentemente profesional.
Hay un ingeniero informático que se ocupa de todo lo difícil, lo técnico, lo aburrido y, en general, de las cosas que conviene que funcionen.
Y hay una señora que tiene una habilidad especial para meterse en proyectos que no sabe hacer, aprender sobre la marcha y convertir una prueba absurda en una colección entera.
Durante mucho tiempo esto fue solo eso: hacer cosas. Probar materiales, diseñar piezas, imprimir, pintar, romper, volver a imprimir y enseñar el resultado a gente que insistía en que deberíamos venderlo.
Nosotros no teníamos ninguna intención de monetizar nada.
Hasta que pensamos que quizá no era tan mala idea.
No tanto por montar una marca, sino por tener un proyecto que pudiéramos hacer los tres juntos. Uno donde cada cual aporta lo suyo, incluso cuando lo suyo es poner objeciones, arreglar archivos o decidir que una pieza necesita otro agujero.
Y si además conseguimos ganar algo de dinero con ello, tenemos un plan bastante claro:
irnos de viaje.
The Fake Crafting Co. es, por tanto, una pequeña fábrica familiar de objetos, pruebas, errores y cosas que nos apetecía que existieran.
En la foto, en realidad, estamos en un ascensor en Varsovia. El rollo industrial es cosa de la IA, claro.
Ahora lo que hace cada uno:
Víctor pequeño. Dice que él «fa anuncis» o, lo que es lo mismo, va por ahí contando que esto existe sin que exista aún. A veces reparte códigos QR en papel con la URL que intento confiscarle. Le dije que es «Chief Marketing Officer» y él dice que es «xalat marketing officer» pero hace anuncios, que es lo que le mola. A veces ayuda con diseños, a veces se enfada porque usamos su filamento, a veces nos boicotea.
Víctor mayor. Becario con ínfulas. Se supone que es el director de producción y movidas ingenieriles varias, pero lo cierto es que pasa un poco de eso porque es lo hace cada día en su trabajo. Con contener al jefe de marketing, ya tenemos bastante.
Geppetto. La IA. No vamos a negar que tenemos una mascota robótica que nos ayuda a limpiar fotos, generar modelos, organizar el stock o crear bocetos de ideas random que pasan por la cabeza a la diseñadora farsante.
Lidón. La que escribe casi todos los textos de esta web (menos los de Geppetto). Soy la webmistress (sin Geppetto esto parecería un mercadillo noventero con Comic Sans) y proceso mis movidas sudando, escribiendo o haciendo cosas para las orejas que, a veces, quieren ser bonitas, pero no siempre. Cuando era pequeña me dijeron que, si no sabía dibujar, es porque no era creativa y me lo creí.
