By lidon
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A veces necesitamos simplificar un poco la vida para comprenderla sin volvernos locos. De ahí salen los marcos. Y las etiquetas. Construimos, heredamos y aprendemos marcos para todo: para funcionar en sociedad, para saber qué se espera de nosotros, para sobrevivir al trabajo, a la educación y a los grupos de WhatsApp del cole. Los marcos nos hacen la vida más fácil porque nos ahorran tener que analizar constantemente qué debemos hacer. Estoy en el trabajo, me comporto como me comporto en el trabajo. FIN.
Pero —porque todo está siempre lleno de peros— a veces la vida se escapa de los marcos. O vivimos algo para lo que todavía no tenemos ninguno. O aparece alguien que habita varios a la vez, que los solapa, los desplaza o los rompe. Hay marcos que nos constriñen y otros que se nos quedan grandes. Marcos en los que tenemos que encajar por lo que sea, aunque a nosotros no nos vaya nada eso de estar colgados en una pared. A veces nos salvan. A veces nos condenan. Y a veces lo ponen todo patas arriba.
Esta colección es un homenaje a los marcos que no entendemos, a los que rompemos y a los que decidimos abandonar para siempre. Por eso quería hacer marcos asimétricos, imperfectos, defectuosos. Marcos que no cumplieran del todo su función de marcos. Porque si toda nuestra vida estuviera siempre dentro del marco correcto —de plata, limpio, lleno de imágenes sonrientes—, todo sería aburrido y lineal. Si todas las personas fuéramos normativas, correctas y calladas, todo sería un coñazo superlativo.
A veces necesito ponerme cosas en las orejas que me recuerden que algunos dolores de cabeza acaban valiendo la pena. Pelearme con marcos que no comprendo, especialmente siendo alguien tan asquerosamente literal y racional como yo, se merece como mínimo un pequeño homenaje.
El problema es que diseñar una colección sobre marcos que no encajan tampoco podía salir según lo previsto. En este caso, el proceso está siendo el inverso al de los pendientes de las urracas. Tenía clarísimo que quería hacerlos en 3D. Tenía un montón de ideas que fui puliendo con la IA hasta llegar a un marco conceptual que, sobre el papel, tenía su rollo marciano guay.

Pero, ay, madre mía, al ejecutarlo.
También tenemos que reconocer que a veces las cosas nos salen como el culo.
Pasé al plan B: hacer los marcos con arcilla polimérica y construir una estructura de marcos dentro de marcos. Quería marcos rotos, realidades demasiado grandes para su marco, personas que no caben en los que les han asignado…
Y me salió un churro (foto de arriba, no la voy a repetir).
Veremos si la V2 funciona mejor. De momento, los pendientes siguen en el laboratorio. Y la colección, que nació como un homenaje al desconcierto, ha terminado convirtiéndose también en un símbolo de esas cosas que tenían que ser de una manera y acaban siendo de otra.
Supongo que no podía pedirle a una colección sobre marcos que respetara el mío.

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